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viernes, 23 de mayo de 2008

Taller de Periodismo Cultural con Víctor Roura

[Introduzca aquí una foto de Roura. Nadie se ha molestado en subir su foto a Internet jejeje]

Pues gracias a mi queridísima y recién estrenada directora de carrera Maricármen Fernández Chapou, estamos tomando un taller de periodismo cultural con Víctor Roura.
Googleandole, me encontré varias cosas interesantes sobre él. Además de que ya en persona es bien super pro. Viejito rockero despeinado buena onda relax contraculturoso y Editor de la sección de Cultura en El Financiero.

En Unas Letras me encontré una crónica sobre el pasado día de su cumpleaños, donde lo acompañaron (Nomás pa' que les de envidia) Eusebio Ruvalcaba y Humberto Musacchio. Les recomiendo que la chequen, hasta dan ganas de juntarse más con él jejejeje.

Y como cereza del pastel, me encontré el siguiente poema de Eusebio Ruvalcaba:

Manual para suicidarse sin dolor
(Eusebio Ruvalcaba)

Para Víctor Roura

Vives cada día y lo llevas hasta sus
últimas consecuencias. Exiges,
rabias, perdonas. Ves envidia,
rencor y amargura donde no los
hay, y buena vibra, calidad humana
y afecto donde privan porquería
y mezquindad. Por ti matarías
a cada hombre que habla con tu
compañera, o a cada idiota que
atropella un perro; un perro
antes que un hombre. Para ti
eso es vivir lo cotidiano: dar
ternura cuando no te la piden
y purgar el sufrimiento del mejor
amigo.

lunes, 23 de julio de 2007

Más Andanzas Eusebianas

Sólo quería recordarles que Eusebio Ruvalcaba publica sus Andanzas Eusebianas en Unas Letras. Cada vez están mejores. Esta ocasión no pude elegir un poema, así que con respeto del maestro les pongo los tres. Demonios. En verdad Eusebio es graaaaaaaaaaaaaaaaaande.

(Todos los poemas escritos por Eusebio Ruvalcaba)

En el Negresco


Para Marisol, por su paciencia


Estoy rodeado de mujeres hermosas.

Algunas pesan 90 kilos, otras miden uno cincuenta y tres
de puntitas.
Pero todas tienen en la mirada un dejo
de piedad
de misericordia por este atroz bebedor de tequila blanco.
Nada viene a mi cabeza en estos momentos
salvo la decepción.
La mujer que amo no es mía
y yo mismo no soy de mí.
Mi lugar está en la cloaca,
en esa maravillosa alcantarilla que es subterfugio.
Por eso estoy aquí.
A la espera de que un alma piadosa
se siente a esta mesa, pida un tequila doble
y me inocule cierta alegría de vivir.
¿Es mucho pedir para hombre alguno?


La piel del deseo

Para Margarita Cerviño


Es una película. El título de una película.

Pero hay algo que la diferencia de todas
las demás películas.
Que le gusta a ella. Que ella la ha visto
como dos mil veces y la lleva incrustada
en el corazón, como un tatuaje, o la cicatriz
de la mordida de un perro, o de una quemadura
de plancha.
Se trata de un hombre y una mujer,
como debe tratarse toda historia que se respete.
De un hombre y una mujer que sufren
porque quieren amarse y no lo pueden hacer.
Son incapaces de consumar su amor,
pero se aman.
Es su película favorita,
y si bebiera cerraría los ojos y afirmaría
que fue hecha para ella. Y todos lo creerían.


Tratado del inútil

¿Sabes lo que hay en esta casa?
El recuerdo de un gran hombre.
Porque engañó a todos. Les hizo
creer que iba a ser un grande,
que cuando el tiempo pasara
su nombre sería recordado y venerado,
como se recuerda y se venera una
reliquia. Pero los engañó,
a todos. Los engañó como a novias
de pueblo. Porque así es él.
No esperó que pasaran veinte,
treinta o cincuenta años, menos aún
que su obra fuera publicada en tantos
idiomas como lenguas hay. Él
—él, él— los engañó en vida.
He ahí su mérito. No ser un grande.
Pero engañarlos en vida, tiene su chiste.

martes, 3 de julio de 2007

Andanzas Eusebianas


Hace unos días el portal Unas Letras acaba de rediseñar su sitio web. Entre los cambios me encontré unos cuantos poemas de Eusebio Ruvalcaba, a continuación les pongo uno. Al parecer estará colaborando cada martes con una columna nueva cada semana. Habrá que seguirlo. Es un buen proyecto. También colaborará Sandro Cohen. Interesante.
Por cierto, se aceptan donaciones de poesía eusebiana ya que perdí mi libro de El Frágil Latido del Corazón de un Hombre.

Ese hombre soy yo
(Eusebio Ruvalcaba)

¿De verdad las grandes batallas

existieron?
¿De verdad los hombres se han matado
entre sí, por la gloria o el amor?
¿De verdad existen los ideales?
¿Hay gente idealista?
¿De verdad esos hombres
han avanzado entre las huestes
enemigas,
abriéndose paso entre la sangre, el fuego
y el filo de la espada?
¿De verdad han existido esos hombres?
¿De verdad ha habido hombres héroes
y nobles?
Yo lo dudo.
Es ficción. Imaginación escritural
y cinematográfica.
Yo conozco al cobarde y al pusilánime,
al que enloda sin ningún empacho su nombre,
a quien las hazañas no le dicen nada.
Ése es el hombre que trato todos los días.
Ese hombre soy yo.

viernes, 22 de junio de 2007

Historia de un camino sin fin ni principio (Eusebio Ruvalcaba)

Para Sergio Monsalvo

Cómo quisiera haber sido buen poeta
y corromper todo a mi alrededor.
¿Tendré que pasarme el resto de mi existencia
pergeñando una línea tras otra,
sin que nadie diga ese tal Eusebio está loco
si eso que escribe es poesía yo soy Jesucrísto?
Carajo, ¿no puedo escribir no digamos un poema
sino una puta línea, una sola, que leas y digas
cabrón, este pinche Eusebio está grueso?
¿De veras será tan dificil seducir a una mujer,
no servirá también para eso la poesía,
que una mujer lea el poema y que diga diablos,
Eusebio, yo quiero contigo, carajo, eres un dios
y yo quiero hacer el amor con un dios?
¿O que no habrá modo de hacer del poema un estallido
continuo, que transtorne todo a su alrededor
que justo ahí donde parece que la vida está inmovil
llegue el poema y pudra todo; pregunto, no se podrá
hacer eso, de veras no se podrá, o uno se imagina
los obstáculos porque tiene miedo, porque en el fondo
es imposible violentar las formas?
Quién sabe, tanta pregunta a mí no me concierne.
Me imagino que habitualmente los poetas
no se hacen tantas ni tan estúpidas preguntas.
Simplemente se han de sentar a escribir y ya.
Que nadie se pregunte nada. Mejor. Que se domine
y se amanse a esa perra rabiosa que es la sintaxis.
Y listo. La poesía no cambia nada ni es nada ni transtorna
un carajo. Esto es un hecho. Y es lo único que importa.

Eusebio Ruvalcaba. El Frágil Latido del Corazón de un Hombre. Editorial Nula. México, 2006. p.20