sábado, 12 de enero de 2008

Transportes y vialidad


No sé por qué te amo
Ni siquiera sé si te amo
Por eso digo que te amo
Pero no mucho
y a escondidas

Sólo cuando las hojas caen
sobre el techo de un microbús en movimiento

Dice Sabina
que el tiempo es un microbús
que sólo atraviesa una sola vez esta absurda comedia

¿Será que la relación puede invertirse?

Quisiera decirte por ejemplo
que tus pezones son automóviles a alta velocidad
o que cuando pones los ojos en blanco
todos los semáforos de la ciudad se congelan

Sé que es inútil
No comprenderás lo que quiero decir con esto
Jamás llegaremos a hablar el lenguaje de la ciudad

No nos amamos
como lo hacían las torres gemelas
esas que no pudieron separarse
una de la otra

Tampoco nos queremos
como el metro al metrobús
con tantas estaciones de correspondencia

En realidad tus besos son segundos pisos
y mis caricias distribuidores viales

Unos desembocan en los otros
y también viceversa
(Pero nadie los usa)

Otra cosa sería
si fueras la estación Chabacano
Pantitlán
la TAPO
o la glorieta de Insurgentes

Lo nuestro sería
democrático popular necesario
e incluso romántico

En cambio
¿Quién ama a los segundos pisos?
¿Quién se enamora de un distribuidor vial?

Dicen que lo único bueno
es que desde arriba
se tiene buena vista
Eso dicen todos...

Pero casi nadie dice
-no se atreven a aceptarlo-
que cuando más tráfico haya
y las avenidas queden inutilizables
los distribuidores viales y los segundos pisos
seguirán juntos...
y de pie

Casi como si fuera posible
amarse en una ciudad


Jorge Tirzo
10 de enero de 2008

3 Comentarios:

el hombre de papel dijo...

Muy democrática, sí,
no tan romántica, no...
más bien sórdida, diría yo,
de la glorieta carmín.

Mao1917 dijo...

Para mí que lees a Paz a escondidas, yo sugiero:

Me hundo
en el hielo
de tu zócalo

Pedro Lucio dijo...

Encontrarte con el embotellamiento de sensaciones en las avenidas principales donde los semáforos en rojo te detienen asta la respiración, que más da si te lleva el tren a donde la estación se enmohece.